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| Bernardo Bolaños G. | ||||||||||
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Del mismo modo que la mecánica inspiró el liberalismo, y la termodinámica inspiró el marxismo, es la teoría de la información en todas sus formas —biología, informática, lingüística, antropología— en lo que debe basarse actualmente un análisis social. Esta teoría enseña que ninguna forma, social o física, puede existir si sus miembros no se comunican entre sí y con el exterior; demuestra que el tiempo puede convertirse en reversible allí donde el orden —es decir, información que tiene sentido para un observador— puede ser creado.
Jaques Attali
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Si la ciencia logra frecuentemente convertir las observaciones
acerca de fenómenos caóticos en teorías que describen fenómenos lineales y predecibles, ¿se puede comprender el caos político de las complejas sociedades contemporáneas e incluso transformarlo en un feliz y racional modelo de convivencia social? En el preciso momento en que este artículo es escrito, los tecnócratas mexicanos buscan controlar la inestabilidad del país con reformas legales y ensayan una ingeniería constitucional para “ordenar” el caos político, social y económico. Para ello acuden a verdaderos científicos: Giovanni Sartori, por ejemplo, de la Universidad de Columbia, quien defiende el método científico de construir las teorías y contrastarlas con base en material empírico y, por lo tanto, se ha dedicado a estudiar decenas de sistemas políticos. Sartori, por cierto, se muestra pesimista en el caso mexicano, y considera que nuestro sistema político es como un tren que avanza aceleradamente hacia donde no hay rieles, es decir, a la ingobernabilidad.
¿Pero con qué directrices hay que abordar el caos político? Mientras que en matemáticas y astronomía los primeros paradigmas (en el sentido usado por Kuhn) datan de la prehistoria, en física las teorías newtonianas corresponden al siglo XVII, y la biología se consolidó aún más recientemente como ciencia (con el estudio de la herencia y la teoría de la selección natural), en las ciencias sociales apenas empiezan a funcionar algunos consensos acerca de cómo debe hacerse la investigación científica. Por esta razón, las matrices de las disciplinas anteriores sirvieron por siglos como soporte racional para el pensamiento político y aún son indispensables. Analogías y metáforas tomadas de la geometría, la física moderna y la biología, explican en gran medida la racionalidad que se trató de introducir en las organizaciones humanas modernas.
Los hombres como unidades aritméticas
Si, como dice Kuhn, las matemáticas tienen el carácter de paradigma científico desde la prehistoria, paralelamente a ellas pueden encontrarse muy antiguas nociones de justicia y criterios para “ordenar” la vida de la comunidad. Los juicios éticos, jurídicos y políticos requieren algún modelo de racionalidad en el cual basarse históricamente. El primero de ellos fue la racionalidad matemática. Para escapar de la lógica de poder que implica la lucha física como único criterio de solución de controversias, se crearon algunos modelos axiomáticos de reglas a partir de la lógica y la geometría. “Los juristas romanos tomaron de los griegos el modelo de ciencia”, dice Tamayo y Salmorán. La inferencia de enunciados a partir de principios fundamentales, regulae, contenidos en leyes escritas o en el pensamiento de grandes sabios, permitía a los gobernantes administrar un poder hasta cierto punto racional que era efectivo para conjurar el “caos”. La estructura axiomática de los sistemas jurídicos llegó a ser tan bella como los silogismos aristotélicos y la geometría analítica. Se trataba de aparatos racionales capaces de solucionar contradicciones entre valores sociales, responder con criterios de apariencia racional ante conductas socialmente reprobables, etcétera.
La construcción ético-política más acabada, los derechos humanos, también responde a la razón pura, como la aritmética y la geometría. Es decir, la idea misma de los derechos humanos nació alejada de la realidad empírica de Homo sapiens, a quien se le extrajo de su vida terrenal y se le imaginó en un plano de abstracción euclidiana. Originalmente, el pensamiento cristiano apuntaba a la semejanza de todos los hombres con Dios y, de ahí, sostenía su dignidad común. Pero la traducción laica de ese principio ético es posterior, a partir del siglo XVIII el pensamiento político comenzó a aceptar el supuesto de que todos los hombres somos libres e iguales, aunque esa libertad y esa igualdad no hayan existido nunca en la realidad observable. Si decimos que “todo hombre vale por uno, sin importar diferencias económicas, de credo o étnicas, y que nadie vale más que otro” estamos ante la primitiva definición matemática que sirve de soporte al resto del pensamiento político moderno.
Verdaderos matemáticos estuvieron involucrados en el diseño de estas ideas. En el siglo XVII, para el matemático y jurista Gottfried Leibniz —inventor junto con Newton del cálculo infinitesimal—, el yo de cada hombre era una mónada (término derivado del griego “unidad”, “aquello que es uno”) indivisible, sin partes, sin comunicación con el exterior; el cuerpo humano, en cambio, era un mero aggregatum de mónadas “inferiores”. Con Kant, esta extravagante idea del hombre se afianzó y la definición kantiana de “persona” quedó completamente alejada de la biología humana.
Los hombres como bloques de materia en una balanza
Si la plataforma de la racionalidad política moderna son los derechos humanos y éstos son figuras construidas bajo el paradigma matemático, el principio que permite construir una maquinaria de gobierno que respete los derechos humanos es la “división de poderes”, que no es otra cosa que una metáfora importada de la física clásica. Se trata de una idea parasitaria de la ciencia que sistematizó Newton y que recién explicaba el mundo en los siglos XVII y XVIII.
Las ideas tomadas de la física newtoniana fueron trasladadas al pensamiento social y las humanidades con resultados diversos, algunas veces absurdos. Por ejemplo, el padre de la educación moderna, Giovanni Enrico Pestalozzi, por culpa de su lectura de Newton, recomendaba a un desventurado alumno el siguiente método para estudiar: “Comienza ante todo por reconocer la ley del mecanismo físico, que hace siempre depender la intensidad relativa de tus impresiones de la distancia más o menos grande que separa tus sentidos de todo objeto que los hiere. No olvides jamás que de esa proximidad o de esa lejanía física resulta todo lo que hay de positivo en tus intuiciones, en tu educación profesional y aun en tu virtud.”
En otros campos fueron más efectivas las metáforas, por ejemplo en el lenguaje amoroso (al hablar de “atracción” entre los amantes) y, particularmente, en la ingeniería política. Montesquieu observó el sistema político inglés y dedujo que la forma “natural” de gobierno era como los sistemas mecánicos, donde las fuerzas se equilibran. El poder no debía concentrarse sólo en el rey, sino repartirse también en el parlamento y los jueces, para formar un equilibrio preventivo del autoritarismo. El expresidente norteamericano Woodrow Wilson lo explica bien: “Los estadistas de nuestras tempranas generaciones a nadie citaban con tanta frecuencia como a Montesquieu y siempre lo citaban como modelo científico en el terreno de la política. A su contacto la política tornose en mecánica. La teoría de la gravitación es universal.”
Si bien la división de poderes ha sido un mecanismo efectivo contra el despotismo, se puede descubrir su carácter de racionalidad parasitaria. Mucha gente cree actuar “racionalmente” en política cuando vota por candidatos a diputados de un partido y por otro para presidente de la República, de modo que se “equilibren” así ambas instituciones, no obstante que las fuerzas políticas no estén en una balanza, ni tengan una masa ponderable y que un sistema político mecánico —como el mexicano— no esté diseñado para funcionar a partir de la cohabitación de autoridades con ideologías enfrentadas.
Un análisis estructural del equilibrio político de México nos muestra que precisamente la estructura que la constitución establece es un sistema rígido, mecánico y obsoleto. Tal parece que la más simple teoría de sistemas no ha permeado en el pensamiento que estudia la organización política del Estado, de manera que consiga armonizar la representatividad de las autoridades con la gobernabilidad del Estado. Además, si se trata de ponernos a equilibrar fuerzas políticas, éstas ya no están sólo en los tres poderes que percibía Montesquieu, sino en empresas transnacionales gigantescas, en los centros monopólicos de conocimiento, etcétera. Seguir insistiendo —como lo hacen los actores políticos— en controlar al presidente de la República mediante el fortalecimiento de los poderes legislativo y judicial empieza a ser ingenuo cuando no interesa cómo controlar a la Coca-Cola Co. Las obsesiones de políticos y politólogos suelen no tener mucha relación con nuestros problemas colectivos, con la miseria, la violencia, la manipulación del conocimiento.
Los paradigmas organicistas y funcionalistas
Una reacción contra el excesivo mecanicismo en la ciencia política fue reivindicar la idea de la sociedad como un organismo. Durante el siglo XIX aparecieron escuelas de pensamiento social parasitarias del paradigma biológico, particularmente de la teoría de Darwin (como el organicismo sociológico).
Uno de los problemas centrales que surgieron al aplicar esta concepción de la sociedad como un organismo fue el sacrificio de los derechos individuales, al ser vistas las personas como meros órganos de la colectividad. El fascismo como modelo político suponía que los individuos no eran nada y que el pueblo o el Estado lo eran todo. Durante décadas, la izquierda política también se identificó con el paradigma organicista y rechazó violentamente las construcciones políticas anteriores, es decir, los derechos humanos y la división de poderes. Marx veía los derechos humanos como expresión del individualismo egoísta protector de los intereses burgueses. Sólo como consecuencia de la experiencia totalitaria del socialismo real y la represión a los disidentes en las dictaduras militares se ha introducido recientemente la cultura de los derechos humanos entre socialistas y neomarxistas.
El problema del caos político ha sido estudiado con bastante éxito desde el paradigma organicista. El organicismo sociológico del siglo XIX nos heredó una hipótesis que ha sido comprobada empíricamente a lo largo de la historia: el funcionamiento pacífico de la sociedad se facilita al existir una identidad colectiva, construida por medio de la educación homogénea o de sentimientos de pertenencia, como el nacionalismo. Justo Sierra asesoraba a Porfirio Díaz en la construcción de la nación por medio de la exaltación del orgullo patriótico y la implantación de la educación obligatoria. Para Sierra, el Estado era un organismo: “El único organismo cuyas funciones abarca la sociedad entera, aquel que puede considerarse como encarnando la conciencia misma de la colectividad, el que está forzosamente en contacto con todas las necesidades orgánicas, el que sólo puede aplicar una dirección uniforme al conjunto, el que representa en el organismo social una cosa análoga a lo que es el aparato regulador en el organismo humano, el Estado, en suma, que resume, por decirlo así, todas las fases de la vida social: el pasado con sus dolores y sus luchas y sus triunfos. De este concepto del Estado nace el derecho a imponer y a exigir la instrucción.”
La utopía organicista de Justo Sierra se estableció con cierto éxito, pues los sucesivos gobiernos mexicanos emplearon la propaganda nacionalista para generar unidad nacional y la educación fue el principal instrumento de ello. Posteriormente, teóricos políticos mexicanos confiaron que el funcionamiento de la sociedad mexicana dependía de una conducción central.1 El presidencialismo mexicano fue una construcción teórica diseñada conscientemente entre 1917 y 1934. Sus características consistían en concentrar los tres poderes en un solo individuo, a costa de la antes mencionada división, y de mantener la unidad por medio de un partido único, sacrificando así la democracia de partidos. El caos político cedió algunas décadas.
En la actualidad, ni una educación propagandista (como la que intentaron en su tiempo Porfirio Díaz o Salinas de Gortari, este último con los célebres libros de texto de historia), ni el presidencialismo son suficientes para revertir el caos político. El peligro es que se están desarmando las instituciones que conferían funcionalidad al sistema sin ser sustituidas por otras; se desmantela el presidencialismo sin descentralizar la racionalidad política en la sociedad. La paradoja actual de la política mexicana se expresa en una población que vota masivamente (80% del padrón), pero que carece de información política (sólo 10% de los mexicanos lee el periódico). Un nuevo paradigma funcionalista tendrá que probar otros recursos, compatibles con la pluralidad, la circulación de información, los equilibrios de poderes y el respeto a los derechos humanos; un nuevo paradigma que deberá incorporar dentro de sí la racionalidad pura que concibe al individuo como ente insacrificable y la racionalidad mecánica que modera los excesos de poder. Los sistemas no funcionan espontáneamente, tienen siempre una lógica interna que hay que conocer; para salvarnos del caos, de la ingobernabilidad que augura Sartori, la lógica del sistema presidencialista mexicano basada en la concentración de la racionalidad política debe ser sustituida por un sistema que emplee las modernas tecnologías de la información para descentralizar esa racionalidad en toda la sociedad. Es por eso que resulta estratégico ampliar la cobertura educativa, fomentar la discusión política racional y realizar más plebiscitos y referendos que nos obliguen a pensar en el funcionamiento del poder, a entender el complejo mecanismo político que hoy vemos con tanta desconfianza.
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Nota
1. Destaca la influencia del libro de Emilio Rabasa, La constitución y la dictadura, entre los constituyentes de 1916, convencidos de la necesidad de fortalecer la figura presidencial y dotarla de los grandes poderes necesarios para emprender la reforma revolucionaria. Rabasa, Emilio, La constitución y la dictadura. Estudio sobre la organización política de México, 1912, (Porrúa, México, 1990).
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Referencias Bibliográficas
Attali, Jacques, 1994, Milenio, Seix Barral, México.
Kuhn, Thomas, 1993, La estructura de las revoluciones científicas, FCE, México. Pestalozzi, J. E., Cómo Gertrudis enseña a sus hijos, Porrúa, México. Sierra, Justo, La educación nacional, Obras completas, FCE, México. Tamayo y Salmorán, Rolando, Elementos para una teoría general del derecho, Themis, México. Wilson, W., 1922. El Gobierno Constitucional en los Estados Unidos, Ed. Cultura, México. |
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Bernardo Bolaños G.
Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad Nacional Autónoma de México.
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cómo citar este artículo →
Bolaños G., Bernardo. 1996. Tres paradigmas científicos para abordar el caos político de México. Ciencias, núm. 44, octubre-diciembre, pp. 4-7. [En línea].
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| Antonio Sarmiento Galán | |||||||||||
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Hace poco tiempo, quienes tenemos acceso a los medios
informativos nos enteramos de algo que, en un principio, parecía increíble: la aparición de las llamadas vacas locas en el Reino Unido. La causa es una enfermedad del sistema nervioso central que procura en estos animales la pérdida de la coordinación, y que se conoce genéricamente con el nombre de encefalopatías espongiformes (EE). Hace poco esta noticia cobró su dimensión real y el impacto que causó fue muy distinto: la enfermedad aparentemente se había trasmitido al ser humano. Ante tal situación, los británicos se volvieron hacia su comunidad científica en busca de información y consejo sobre el problema y sobre las medidas necesarias para evitar el contagio (en caso de que éste fuese realmente posible).
Como respuesta a esta demanda de la sociedad, la Royal Society1 llevó a cabo una serie de medidas que, en mi opinión, fueron la respuesta de una comunidad científica que ha sabido ganarse el respeto y la estima de la sociedad en su conjunto, una sociedad donde el desarrollo se entiende en forma integral y no en términos económicos exclusivamente, donde la ciencia es considerada como una actividad humana en la que es necesario invertir de manera constante, sobre todo y especialmente si se quiere mantener una perspectiva integral de desarrollo.
Entre lo realizado por la Royal Society se encuentra la emisión de un comunicado de prensa, de manera conjunta con la Asociación de Escritores de Ciencia Británicos, acerca de los aspectos de la investigación científica de las EEs en 1990 y la realización de un congreso en 1993 con los expertos de todo el mundo sobre las enfermedades causadas por priones,2 entre las que se encuentran las EEs (los trabajos presentados en este congreso fueron publicados en 1994 por la misma Royal Society).
Finalmente, ante la posibilidad de que esta enfermedad sea transmitida al ser humano, la Royal Society emitió el 2 de abril y el 23 de julio de este año un par de comunicados sobre la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) en los que presenta su opinión sobre lo que actualmente se sabe acerca del desarrollo del brote reciente de EEB y su posible relación con la llamada enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ), la forma humana de la encefalopatía espongiforme. En este comunicado se concluye que es de toda posibilidad que la EEB pueda infectar al ser humano, pero que dado el estado actual del conocimiento científico sobre las EE, no es posible estimar con confianza el riesgo que dicho brote representa para la salud humana. El comunicado también hace énfasis en la importancia de garantizar a largo plazo el apoyo a la investigación básica —aquélla que no está ligada a objetivos prácticos alcanzables a corto plazo— y sin la cual se sabría muy poco en la actualidad sobre este tipo de enfermedades. La investigación sobre las EE en el Reino Unido se ha llevado a cabo durante varias décadas por grupos de reconocido prestigio internacional en diversos centros, entre los que destacan la Unidad de Neuropatogénesis del Instituto de Salud Animal en Edimburgo (bajo los auspicios de los Consejos de Investigación en Ciencias Biológicas y Biotecnología y de Investigación Médica) y la Unidad de Enfermedades Causadas por Priones en el Hospital de St. Mary en Londres.
La forma ovina de la encefalopatía espongiforme se conoce en el idioma inglés con el nombre de scrapie, una enfermedad antigua y bien conocida entre los criadores de ganado lanar británicos y de la cual se sabe que el agente causante del mal no infecta al ser humano. Los agentes infecciosos de las EE son los priones y son poco comunes debido a varios aspectos. A diferencia de todos los otros agentes infecciosos conocidos en los que se encuentra ácido nucleico, en el caso de los priones sólo se conoce un componente: la proteína. Los priones son además muy resistentes a ser desactivados por químicos, radiación o calor (medios que normalmente desactivan las proteínas). Además, no se les puede criar en laboratorio, lo que significa que sólo pueden ser estudiados mediante experimentos en animales que duran varios meses; por tanto, la investigación sobre las EE se vuelve difícil y lenta. Sin embargo, se han logrado avances considerables gracias a los esfuerzos realizados por los grupos de investigación en Europa y Norteamérica, principalmente en la definición de la naturaleza molecular de los agentes causantes de las EE, en la identificación de los factores genéticos que influyen en la susceptibilidad a las EE y en la epidemiología de las enfermedades.
La EEB se observó por vez primera en el ganado durante 1986, su aparición parece deberse a los cambios realizados a principios y mediados de la década de los ochenta en la preparación de los suplementos proteínicos para la alimentación del ganado a partir de ovejas procesadas y esqueletos de ganado (incluyendo ovejas con scrapie) y en el procesamiento mismo. Antiguamente, los esqueletos se procesaban para obtener sebo, harina y alimento para animales mediante el uso de solventes que removían el sebo y la aplicación de altas temperaturas que removían los solventes orgánicos; se piensa ahora que estos procedimientos destruían al agente infeccioso, el prion de la scrapie. Sin embargo, obligados por factores económicos (la caída en el precio del sebo y los aumentos en los solventes y la energía) y por factores de seguridad (exposición de los trabajadores a los solventes), el proceso se cambió para evitar el uso de solventes y la aplicación de las altas temperaturas. El prion de la scrapie sobrevivió a este nuevo proceso e infectó al ganado vacuno, creando aparentemente una nueva enfermedad en el ganado —la encefalopatía espongiforme bovina.
Esta forma de la enfermedad ha alcanzado a otras especies que han sido alimentadas con material infectado, a pesar de las barreras en contra de que los priones de una especie infecten a otra; debe, por lo tanto, ser posible que la EEB infecte al hombre. A partir de 1994, se ha confirmado la existencia de once casos en el Reino Unido y uno en Francia de una forma inusual de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob en sujetos cuyo factor de riesgo es desconocido, y ello ha motivado la consecuente preocupación de que estos casos se puedan atribuir a que la EEB ha cruzado la barrera de las especies. Esta variante de la ECJ es claramente distinguible de la enfermedad esporádica, las diferencias son las siguientes: i) clínicamente, la variante de la enfermedad se presenta con frecuencia acompañada de síntomas psiquiátricos con bastante anticipación al desarrollo de la ataxia y de la demencia, existe un daño neuropatológico característico en el cerebro que es poco usual; ii) el ataque ha ocurrido a una edad promedio de 27 años, lo que contrasta fuertemente con la enfermedad esporádica que se presenta en personas mayores, en todos estos nuevos casos se ha eliminado la posibilidad de que se debiesen a la única otra causa posible de la ECJ en jóvenes (la administración a los niños en el pasado, de una hormona para el crecimiento que estaba contaminada con priones); iii) el curso promedio de la enfermedad es considerablemente más largo que el curso típico de la enfermedad esporádica, los casos con la variante de la ECJ han permanecido enfermos durante un año en promedio antes de morir, mientras que la muerte en los casos de la ECJ esporádica se presenta entre los 3 y los 6 meses.
En cuanto a los estudios genéticos, se sabe ahora que en la posición 129 del gen de la proteína relacionada con el prion (PrP) en el humano, existen dos alelos donde el aminoácido es metionina o valina; en todos los casos confirmados de la enfermedad variante, el gen de la PrP tiene dos copias del alelo metionina en esta posición. Esta forma genética de la proteína relacionada con el prion se encuentra también con mayor frecuencia entre los casos de la enfermedad esporádica (90% de los pacientes) que en la población normal (40% de los individuos). Aproximadamente 50% de la población posee una copia del gen con metionina y otra con valina en la posición 129, de manera que el riesgo de que contraigan la enfermedad esporádica o la variante es sustancialmente menor. Diez por ciento de los individuos que poseen dos copias de valina en la misma posición están sujetos a la misma incidencia de la ECJ esporádica, pero hasta el momento no se puede decir cuál es su susceptibilidad a la enfermedad variante. El trabajo más reciente en esta área demuestra que no existe otra mutación en el gen de la PrP en los casos de la enfermedad variante que pudiese causar dicha enfermedad.3
El único estudio que involucra especies cercanas a la humana es el realizado con macacos cinomolgos. Dentro de un periodo de tres años a partir de la inoculación intracerebral de dos simios adultos y uno recién nacido, los tres animales desarrollaron una encefalopatía espongiforme cuya neuropatología era sorprendentemente similar a la variante de la ECJ observada en humanos.4
Esta observación de la transmisión a un primate ha reforzado la posibilidad de que la variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob sea una forma humana de la encefalopatía espongiforme bovina; sin embargo, aún debe establecerse experimentalmente la infectabilidad de la EEB en simios por la vía alimentaria. También se reportó recientemente5 que una colonia de monos Tití fue alimentada durante muchos años y hasta abril del presente, a base de una dieta que incluye rosquetas de marca registrada que garantiza un contenido de 20% de proteína cárnica derivada de rumiantes (ruminant-derived meat meal protein), y no se ha observado ningún caso espontáneo de EE en más de cien de estos animales nacidos entre 1980 y 1990, y en todos los animales que perecieron se realizó la debida autopsia. Aunque se desconoce la cantidad de harina de hueso infectada con priones que se suministró a estos animales y aun cuando no parece haberse usado este tipo de rosquetas en la alimentación de ratones o de otros animales susceptibles a la EEB como un control sobre su infectabilidad, este resultado proporciona pruebas que sugieren que la infección por medio de la barrera de las especies por la vía alimenticia no es algo fácil de lograr.
De lo anteriormente señalado se deduce la necesidad de llevar a cabo los estudios de dosis apropiadamente controladas con alimentos que contengan priones de la EEB en simios con genotipo conocido de la PrP.
Se cree que el riesgo de exposición de humanos a la EEB alcanzó su máximo a finales de la década de los ochenta, antes de que se reconociese el problema y que se introdujeran nuevos reglamentos en 1988 y 1989 para expulsar el material infeccioso de las cadenas alimentarias humana y animal. Se piensa que el riesgo de la aparición de material infeccioso en la cadena alimentaria humana es ahora mucho menor y que debería reducirse aún más mediante la implementación rigurosa de reglamentos adicionales que erradiquen el material infectado de ambas cadenas alimentarias. En la década de los cincuenta ocurrió una epidemia de kuru en humanos, el kuru es una encefalopatía espongiforme asociada con el consumo y el untado de los sesos de los familiares muertos que se practicaba en Papúa Nueva Guinea y su propagación fue detenida al abolirse tal práctica.
Existe también la posibilidad de que la EEB se haya podido transmitir al ganado ovino por el uso de carne o harina de hueso infectada con EEB en la alimentación de las ovejas antes de que se implantasen en 1988 los primeros de los nuevos reglamentos que prohíben su introducción en la cadena alimentaria. Como nunca se han detectado priones en los músculos, el riesgo de adquirir la nueva variante de la ECJ por la ingestión de carne de oveja puede considerarse como inexistente; sin embargo, persiste la incógnita de si sería prudente excluir de la cadena alimentaria humana a ciertas menudencias de las ovejas. Un artículo reciente6 describe la infección experimental de ovejas mediante el estímulo intracerebral u oral mediante sesos bovinos contaminados con priones; las ovejas infectadas de esta manera provienen de una cepa que es genéticamente resistente a la scrapie natural. Al realizar el ensayo biológico en ratones, se detectó la presencia de los priones en los sesos y el bazo de las ovejas infectadas. El perfil neuropatológico que este material infectado generó en un panel de cepas de ratones presenta características más similares a la EEB que a la scrapie ovina convencional. Este resultado difiere de la forma pura de la hipótesis del “prion exclusivamente”, pues muestra que la proteína relacionada con el prion puede ser transformada en un agente con características más similares a las de la EEB que a las de la scrapie ovina. Sin embargo, estas ovejas al igual que las ovejas con scrapie convencional, mostraron infectabilidad en el bazo; lo que no se presenta en el ganado vacuno con EEB. Las ovejas con scrapie convencional muestran también priones infecciosos en sus nodos linfáticos y en partes de sus intestinos.
Aunque se han realizado algunos intentos para detectar la EEB (con la certeza de que no se trata de scrapie) en un número limitado de ovejas que provienen de hatos que se sabe han sido alimentados con carne y harina de hueso, no se la ha podido detectar hasta la fecha; esto proporciona, aunque en forma limitada, cierta seguridad de que no existe la EEB en los rebaños. Más tranquilizante es el hecho de que la gran mayoría de las ovejas que se sacrifican para consumo humano son muy jóvenes y por lo tanto, debería haber muy pocas ovejas sobrevivientes nacidas antes de que su introducción en la cadena alimentaria fuese prohibida.
Debe decidirse ahora si sería prudente excluir de la cadena alimentaria ciertas menudencias ovinas: sesos, espina dorsal, bazo, amígdalas, nodos linfáticos, timo e intestinos; los sesos ovinos se consumen muy poco en el Reino Unido pero muy frecuentemente en Francia. En junio de este año se prohibió en Francia la introducción de las menudencias ovinas en la cadena alimentaria humana, y se ha reportado recientemente que tal prohibición se hará extensiva a todos los Estados miembros de la comunidad europea. También parece oportuno considerar en este momento si la scrapie debería eliminarse por completo en el Reino Unido. Aun cuando esta enfermedad ha resultado —hasta donde se sabe— inofensiva para el ser humano, es ahora claro que las EE pueden cruzar la barrera de las especies y no es posible asegurar la imposibilidad de que una variante de la scrapie capaz de infectar a los humanos surja en el futuro.
Se considera un asunto de suma urgencia realizar la investigación sobre la forma en la que operan estos agentes causantes de las EE y la forma en la que pasan del ganado a los humanos; una necesidad particular es desarrollar un examen para detectar la presencia de priones que sea tan sensible como el ensayo biológico pero que no requiera realizar experimentos en animales para los que se necesitan ocho meses al menos; por ejemplo, el examen para establecer la diferencia entre la encefalopatía espongiforme bovina y la scrapie, en caso de que la primera haya logrado cruzar la barrera e infectado a las ovejas, requiere ser inyectada en grupos de ratones y esperar varios meses para poder observar los resultados. Otros objetivos prioritarios, son establecer las vías para tratar la enfermedad o para prevenir su desarrollo en aquellos individuos que se crea hayan sido expuestos a la EEB. Ya se tienen identificadas varias posibilidades al respecto, que incluyen el reducir la extensión de la expresión de la proteína relacionada con el prion en el anfitrión (altos niveles de expresión aumentan el riesgo de desarrollar la enfermedad) y la creación de agentes que prevengan la agregación de la misma proteína. Es posible que surjan nuevas posibilidades a partir de la investigación básica continua en el área de enfermedades causadas por priones; por ello, es también prioritario que se apoye económicamente a esta investigación básica en forma total y urgente.
El estado actual del conocimiento científico sobre las EE no le permitió a la Royal Society estimar con algún grado de confianza el riesgo que la epidemia de EE representa para la salud humana; se espera, sin embargo, que durante el transcurso del siguiente año los científicos se encuentren en una posición más adecuada para dar consejos precisos. Mientras ello ocurre, es importante que el conocimiento científico que ya se tiene de esta compleja enfermedad y de su epidemiología, continúe apuntalando las políticas de salud pública.
En vista de la importancia que, en este problema y en cualquier otro, tiene la interacción de la comprensión científica y la percepción pública del riesgo en la definición de la política a seguir, la Royal Society inició una serie de consultas con algunos consejos, entre ellos el Consejo de Investigación en Sociología y Economía, con el objetivo de incrementar su trabajo en el área de percepción y administración de riesgos en beneficio del público.
Este brote de encefalopatía espongiforme ilustra a la perfección la necesidad de mantener la investigación científica en áreas que aparentemente carecen de relevancia inmediata y muestra los beneficios mutuos e irrenunciables que se generan a partir de la relación de una sociedad informada y demandante que sabe reconocer el valor real de la actividad científica.
Al final, la Royal Society expresa una duda grave que deberá ser considerada por todos los miembros de la sociedad británica, científicos o no. Tras reconocer que mucho del conocimiento sobre enfermedades causadas por priones ha surgido del trabajo que tenazmente se ha realizado en la Unidad de Neuropatogénesis del Instituto de Salud Animal desde los años en que la ECJ se presentaba en tan solo un puñado de individuos y las ovejas infectadas con scrapie eran inofensivas para los humanos, se menciona el hecho de que el gobierno está considerando privatizar esta institución de investigación y otras similares del sector público. La duda que abiertamente expresa la Royal Society es que el sector privado hubiera apoyado en algún momento el trabajo de investigación básica para el que no veía una necesidad inmediata o la obtención de resultados a corto plazo.
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Referencias Bibliográficas
1. La agrupación científica más antigua de Europa, con sede en la ciudad de Londres, Inglaterra.
2. Prion es una palabra técnica en la medicina que proviene del arreglo de las primeras letras de los vocablos ingleses proteinaceous infectious particle, que significa partícula proteica infecciosa. 3. J. Collinge, J. Beck, T. Campbell, K. Estibeiro y R. G. Will, Lancet, 348, p. 56, julio 6, 1996. 4. C. Y. Lasmézas, J-P. Deslys, R. Delaimay, K. T. Adjou, F. Lamoury y D. Dormont, Nature; 381, p. 743,junio 27, 1996. 5 R. M. Ridley, H. F. Baker y C. P. Windle, Lancet, 348, p. 56, julio 6, 1996. 6. J. D. Foster, M. Bruce, Y. McConnell, A. Chree y H. Fraser, Veterinary Record, 138, p. 546, junio 1, 1996. |
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Antonio Sarmiento Galán
Instituto de Astronomía,
Universidad Nacional Autónoma de México.
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cómo citar este artículo →
Sarmiento Galán, Antonio. 1996. Vacas locas, ciencia básica y divulgación. Ciencias, núm. 44, octubre-diciembre, pp. 50-54. [En línea].
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